Por Lautaro Peñaflor
CFK frecuentemente buscó legitimar su avasallamiento a diferentes instituciones o sectores públicos- y hasta privados- diciendo hacerlo en nombre de la democracia. Lo hacía, escudándose en que el 54% de los argentinos habían optado en las urnas por un modelo de país, y por lo tanto, quienes encabezaban el gobierno de esa forma elegido, tenían la facultad de establecer los destinos dek país para tal o cual aspecto.
No puedo asegurar si, ya fallecido Néstor Kirchner, Cristina Fernández buscó perpetuarse en el poder. Pero sí puedo garantizar que esa forma de intentar dotar de legitimación las decisiones, le costó a la ex Presidente, que se la tildara de autoritaria, cuasi monarca, carente de vocación de diálogo, etcétera.
Me resulta curioso que el mismo argumento que se utilizaba para tildar de autoritaria, caprichosa y cerrada a la ex Presidente, es el que ahora se esgrime para defender la pretensión del gobierno de Maruicio Macri de pagar a fondos internacionales, como la única alternativa posible. Es decir, evocar el fundamento de haberse alzado con el primer lugar en las elecciones populares, para quienes antes era un acto de autoritarismo, ahora es una válida forma de razonar democráticamente (y viceversa).
Escuché en los últimos días las voces de los mismos políticos, periodistas o analistas que solían acusar a CFK de querer "ir por todo", castigar la idea de realizar una Consulta Popular para decidir acerca del pago a los holdouts (otrora, "fondos buitre"). El doble estándar es impactante, más aún teniendo en cuenta que el argumento utilizado es transversalmente inválido.
El hecho de ganar elecciones presidenciales ¿otorga vía libre a quienes acceden al gobierno para hacer y deshacer a su antojo? Que la mayoría de los ciudadanos hayan elegido una opción sobre otra mediante el voto ¿hace que todos esos ciudadanos acepten a ojos cerrados un programa de gobierno entero? ¿O hay chances de que gente que votó por quienes gobiernan en un momento dado, lo hayan hecho estando de acuerdo en algunas cuestiones, pero no en otras?
Si todo fuese tan lineal, y quien gana pudiese tejer y destejer a su antojo en nombre de los guarismos electorales, ¿qué sentido tendría la institución de la Consulta Popular? ¿Tendría sentido que existan oposiciones? Si así fuera, no habría gobiernos que terminen antes por esfumarse su legitimidad, ni otros tan aceptados por los ciudadanos, que podrían tranquilamente continuar, salvo porque las leyes electorales saludablemente establecen límites a los mandatos.
Si "ganar" es fundamento suficiente para actuar como se quiere, pues eliminemos los Partidos Políticos opositores y las instituciones republicanas, y juguemos por cuatro años al arbitrio del ganador, hasta que una nueva elección haga que cambien las reglas del juego.
Pero las cosas no son así, y la democracia es más (mucho más) que votar cada cuatro años. Porque no hay garantía de que todas las decisiones de los gobiernos sean aceptadas por todos los que votaron por él, es que deviene necesario buscar constantemente espacios de debate, y participar en ellos. Sólo así pueden generarse los consensos y mayorías que no están establecidos a partir de un porcentaje obtenido en una elección. Esto es algo que no debemos perder nunca de vista.
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