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¿Quién toma las decisiones?

Un proyecto de Ley se traba en una sesión legislativa. A las pocas semanas, el mismo proyecto logra ser aprobado. 

Este supuesto teórico, sin contenido específico, puede ser rellenado con datos de las decenas de veces que se dio en la práctica. Y ante el mismo, corresponde preguntarnos qué cambió de una a otra ocasión.

Su texto es el mismo. Las personas que votan también. Entonces, ¿por qué un proyecto que fue resistido, ahora es apoyado?

Es claro que quienes se negaron a esa norma cambiaron sus motivaciones, entre la sesión en la que se rechazó y la que se aprobó. 

A partir de ahí pueden ocurrir tres supuestos: o la primera vez rechazaron el proyecto sin convencimiento; o lo segunda lo aprobaron sin seguridad; o bien el voto nunca tuvo que ver con lo que el proyecto dice, porque lo que importa va por otro lado, específicamente, por el carril de las motivaciones personales que cada legislador haya tenido para levantar su mano en uno u otro turno. 

No importa si esa Ley va a crear nuevos hospitales. O si mejora las condiciones para que haya más puestos laborales, si incorpora un nuevo tratado internacional al ordenamiento o si declara la guerra. Lo cierto es que la minoría de los integrantes de los poderes legislativos (y podríamos extenderlo a los otros poderes del Estado) actúan consecuentemente con la plataforma electoral, la ideología y las propuestas bajo las que los ciudadanos decidieron votarlos, o quien corresponda designarlos en ese rol.

Las razones para que el voto sea uno u otro (o uno y otro, como en el supuesto planteado), terminan dependiendo de cuestiones de poder político, de negocios o de influencias. Y después vemos cómo lo disfrazamos "para la gilada".

Entonces me pregunto ¿quién toma las decisiones? En un contexto en el cual las voluntades se doblegan según la conveniencia de quien levanta su mano, quién está atrás de esas motivaciones es un interrogante que tenemos que resolver. 

Sólo así desnudaremos los enigmas que envuelven a nuestra democracia, y que la hacen imperfecta, para avanzar hacia un sistema positivo para las grandes mayorías.

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