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| Foto: Twitter Oficial Mauricio Macri (@mauriciomacri) |
Los Pueblos Originarios en
nuestro país (y también, a grandes rasgos, en nuestro continente y en el mundo)
llevan siglos de marginación, olvido y resistencia en la constante vulneración
de sus derechos, ampliamente reconocidos en la legislación de más alto rango,
pero vapuleados en el plano fáctico.
Como reza el saber popular, “para
muestra basta un botón”. Y como muestra de este permanente destrato a nuestras
etnias más ancestrales (otrora grandes mayorías, hoy grupos minoritarios),
podemos mencionar intentos de
criminalización de sus luchas; conflictos territoriales con grandes empresas
por especulación económica (tal el caso de Relmu Ñamku, mujer mapuche de
Neuquén enfrentada a un injusto y exagerado juicio por tentativa de homicidio,
por resistir un desalojo ilegal de su territorio a piedrazos); represión violenta y persecución (como
el caso de la comunidad QOM La Primavera de Formosa, situación que al extremo,
los llevó a acampar en la ciudad de Buenos Aires pidiendo simplemente ser
escuchados); conflictos con la
asignación de personería jurídica necesaria para actuar con eficacia; conflictos con los recursos naturales
de sus tierras, muy valiosos para llevar adelante su forma de vida, entre
otras.
A esto, debe sumarse que la falta
de acompañamiento a estas minorías culturales, los llevó a sumirse en un
contexto de pobreza, al no estar alcanzados por oportunidades educativas,
laborales, sanitarias, etcétera que les garanticen un estándar de vida acorde a
la dignidad humana. En la mejor de las lecturas, los pueblos indígenas de
nuestro país, están abandonados. En la peor de ellas, perseguidos y
maltratados.
Lo cierto es que esta situación
devino constante. Cuesta establecer desde cuándo están naturalizadas estas
prácticas, que implican verdaderas rupturas respecto a los derechos humanos de
los pueblos originarios. Es innegable, de todos modos, que desde tiempos
inmemoriales, cada gobierno que ha pasado ha sido cómplice por acción y por
omisión, en diferentes grados.
El panorama se volvió tan tenso
que, durante la presidencia de Cristina Fernández, decantó en la formación de
un acampe en Plaza de Mayo por parte de varios pueblos. Así, el acampe QOPIWINI
(llamado así por quienes lo integraron) reclamó en un primer momento,
simplemente ser escuchados por las autoridades. Luego de diez meses, eso no
sucedió.
No obstante, durante la campaña
electoral en camino a la Elección Presidencial argentina de este año, el
entonces candidato por Cambiemos, Mauricio Macri, visitó la carpa QOPIWINI y
prometió recibirlos para iniciar un proceso de diálogo, en caso de ser elegido
para ser el titular del Poder Ejecutivo. Hasta ese momento, eran sólo promesas
de campaña.
Pero finalmente el 22 de Noviembre, en segunda vuelta, Macri resultó electo para ser Presidente de la Nación en el período 2015-2019. Y ambas partes cumplieron sus promesas: los QOM levantaron el acampe, y el Presidente ayer (jueves 17) se reunió con Félix Díaz, qarashé de la comunidad Qom Potae Napocna Navogoh (La Primavera). Además, participaron de la reunión el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el ministro de Justicia, Germán Garavano y el secretario General de la Presidencia, Fernando de Andreis.
La reunión fue breve, pero
trascendente. “El reconocimiento de las comunidades
indígenas y las políticas hacia los pueblos originarios son políticas de Estado”,
conforme informó la cuenta de
Twitter del Presidente Macri después del encuentro. Además, se trasladó la
cuestión originaria de la órbita de la seguridad social, a la de la Secretaría
de Derechos Humanos, dependiente del Ministerio de Justicia de la Nación.
Ambas cuestiones, desde lo
simbólico, tienen gran relevancia: el reconocimiento de los Pueblos Originarios
y sus demandas como verdadera política de Estado, ponen en su lugar una
cuestión lo suficientemente bastardeada hasta el momento. ¿Quién más sino el
Estado puede garantizar sus legítimos derechos, a aquellos ciudadanos que
luchan por sostener su cultura y su cosmovisión, que no es ni más ni menos que
la madre de nuestra Patria?
No hacerlo implica una
vulneración a sus derechos humanos (entre otros tipos de derechos), al igual
que el actuar de privados en el mismo sentido. Por ese simple razonamiento, es
positiva y apropiada la transmisión de su temática, al ámbito del Ministerio de
Justicia de la Nación.
No caben dudas de que son simples
primeros pasos. Atender los reclamos de los Pueblos Originarios implica una
conducta proactiva constante, en búsqueda de un cambio cultural que nos lleve-
en el largo plazo- a valorar y respetar aquellas culturas que nos vieron nacer.
¿Le creemos al Presidente Macri
su repentina preocupación por los pueblos indígenas? Ese interrogante será
respondido con el correr del tiempo. Por lo pronto, dio un valioso mensaje para quienes vemos en esta, una causa tan
justa como abandonada.

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