Por Lautaro Peñaflor
La minería está estrechamente vinculada con métodos altamente contaminantes.
La minería implica una enorme pérdida de recursos naturales.
La minería pone en jaque las posibilidades de las futuras generaciones.
La minería avasalla los derechos de aquellos pueblos en los que se instala.
La minería no consulta a los ciudadanos de aquellos poblados en los que se asienta si ese es el tipo de desarrollo que desean.
La minería constituye para Argentina y Latinoamérica toda, un gran saqueo de nuestra riqueza natural por parte de empresas multinacionales extranjeras.
¿Merece entonces la minería el beneficio de la eliminación de las retenciones a sus ganancias? ¿Corresponde incentivarla de ese modo? ¿Alguien preguntó a esos pueblos si la prefieren como forma de desarrollo? ¿O se trató de una mera decisión de cúpulas de poder gubernamental y empresarial?
¿No preferiría la ciudadanía, por ejemplo, desalentar su instalación mediante retenciones y, si aun así hay proyectos de este tipo, el dinero obtenido vía retención se utilice- entre otras alternativas- para reconstruir y jerarquizar el haber mínimo de nuestros olvidados jubilados?
La industria minera beneficia a muy pocos bolsillos, mientras atenta contra la totalidad de los habitantes de nuestro suelo. Incluso, contra quienes lucran con ella.

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